Mayte Pérez

viernes, 26 de septiembre de 2014

EL PESO DE UNA NUBE DE AGOSTO


Con cientos de minutos perdidos,
se hizo un Camino al amparo de la noche estrellada;
el suelo abrigaba corazones partidos,
la brisa del viento del sur,
al viento del norte lo transformaba en tibio
para que al alma helada
la sorprendiese la mañana,
cubierta del calor necesario
para devolver el latido y
grabar a fuego en la piel,
la ambición de querer retarle a la vida.
HILOS DE ALGODÓN reparadores de corazones ausentes
que rozaban perfiles de azúcar,
AGUJAS DE COSER en el aire en busca de vida
que al caer se escuchaban como el cristal
que pierde la vida al contacto
con el filo de un beso escondido.
Se escuchan tormentas de llantos,
humildes jirones de algodón,
que empapan lágrimas
del peso de un deseo entre jaulas
imaginarias abiertas.
Puños que prenden la vida
que se escapa como el aire
entre los cabellos que ondea la brisa
de una caricia que se apiada de la tristeza callada.
El cielo se abrió en silencio
vino en busca de un destino
a quien le robó un tramo de Camino
y lo repartió sin mesura debida,
tal como un soplo de brisa
dedicado al diente de león
que lo ofrece a la tierra virgen.
Plenitudes que se desbordan
y acarician el rostro,
abrazos perdidos en instantes,
mares desconocidos que bañan
espacios de ausencias vitales.
Ha de venir el tiempo a curar
la herida latente,
ha de volver sigilosa
la ilusión cristalina
a cubrir pesares
a maquillar paredes blancas
que imitan el tono de la pizarra.
El testigo del tiempo reparará
la distancia hallada entre la ausencia
y el espacio vacío e inerte
que vaga en busca de alimento
que calme la angustia
del recuerdo del pasado presente,
de la lucha que a ELLA le espera dentro de un dedal...


    Mayte Pérez (Un tramo de Camino anticipado)