Mayte Pérez

jueves, 25 de septiembre de 2014




"ESPERABA"

 No hay como sentir una carencia,
 la imposibilidad cercana de un suceso,
 para ansiarlo y
 llegado el momento,
 finalmente gozarlo en su verdadero valor.
Nada como el comienzo de un camino
con la riqueza de la fertilidad de la tierra
donde labrar un destino
con brazos abiertos
y la esperanza de recoger
las semillas esparcidas por el soplo del viento,
convertidas en refugios donde cubrirse
de una duda que toca el umbral
del descanso de un reto.
Hubo un ángel que tomó una moneda
y arriesgó su destino a dejarse llevar,
entró en la profundad del mar,
en donde sus aguas eran del sabor de la sal
mezcladas con el dulce de un placer.
Llegó a orillas mecido por las olas
sin volver su mirada al pasado fugaz,
mirando al cielo dejó sus alas escondidas
dentro de una botella de cristal
para ofrecerlas a que el inmenso azul
las llevase a dar vida al comienzo de un latido
que se rompió al caer al vacío.
De entre las algas bañadas de espumas blancas,
unas manos abrieron paso al par de alas
que tantas tormentas hicieron vagar,
largas noches enteras sin cesar
hasta llegar a la calma de un corazón,
 quizás tan cálido como el calor del sol .
Se tendieron a la danza de la brisa,
sus plumas se enlazaron
 para hacerlas volar  de puntillas
y llegar a cubrir el contorno de un cuerpo
del sabor de la caña de azúcar,
que esperaba probar el futuro
visto desde el horizonte
en la claridad del comienzo de la mañana.
Una vez dueñas del contacto de aquella piel
hicieron emprender el vuelo
del que Ícaro fue testigo
y llegó a una isla del color de la esmeralda.
Aquel pequeño cuerpo no supo buscar caminos
por donde comenzar, no sabía de tristezas
ni soportar el peso de una adversidad
del color de las cenizas.
La vida tiró de sus entrañas una y mil veces
a pesar de sus pies clavados entre arenas tostadas,
hasta llevarla al lugar que le esperaba durante tanto tiempo
en el silencio de un suspiro escondido entre las nubes.
Al llegar al filo de la montaña,
escondió su rostro entre las palmas de sus manos
haciendo nacer un río del sabor de la sal de sus lágrimas,
que la llevaría de nuevo a orillas de la ansiada calma
donde le esperaba una puerta en mitad de la amplitud
de la playa donde se ofrecieron el par de alas
para llevarlo hasta ellas.
El pequeño ser hambriento de pan y de agua dulce,
se durmió al amparo de la luz de la luna
en busca de un sueño que le curase de un presente en mitades.
Al despuntar el día abrió sus ojos cubiertos de arena,
se puso en pie y caminó hasta la puerta,
al abrirla escuchó la paz de una melodía,
vio volar hojas blancas embellecidas con palabras,
sintió que cada latido significaba un sueño
las heridas en su piel ya no desgarraban más,
de la amplitud del cielo se le pintó una sonrisa
al ver a lo lejos la continuación de su piel,
aquellas manos que ofrecieron al mar un par de alas,
sólo pudo escuchar una palabra que le pareció


uno del sonido de sus latidos..."Esperaba"...

Mayte Pérez