Mayte Pérez

miércoles, 24 de septiembre de 2014

“SE PERDIÓ EL NORTE”


Bajaban la calle, Trufita y Caramelo, comiéndose a consejos, ella vestía de azul, descalza, con las sandalias en sus manos, llevaba el pelo recogido con un palillo chino de plata, y sobre los hombros, aparte de mil granos de azúcar moreno, le rozaban cabellos que se escapaban de la presión en busca de libertad.
Él, llevaba su camisa blanca, había sido esta el camisón alguna noche, de ella, pantalón tostado y zapatos tan cerrados como lo fue su vida antes de conocer que sin duda, existe más de un camino.
El cielo se prestaba a peticiones de deseos, cada vez que se recordaba los millones de estrellas fugaces que se dejaron caer en el mar, la luna no hacía más que brillar,  alumbrando el destino de ambos personajes, tan lejos uno del otro, como lo están la el amanecer temprano y la hora de preparar el desayuno.
Al llegar al puerto de sueños, se sentaron sobre el suelo, decidieron que llegó la hora de poner sus almas al descubierto y fue entonces, cuando por la puerta, que al abrir, le recuerda el tejido al ser humano, del que se le trenzan la vida, la existencia y la alegría de saber que se está en el lugar en el que se debe dejarse caer, sonriendo, sin miedo, con los brazos abiertos y sin adivinar, qué será el siguiente paso, hacia dónde nos llevará.
Y el norte se les perdió en mitad de los dos, en forma de caricias que se extrañan y se piden como bendiciones, de ilusiones revoltosas, de recuerdos infantiles, de vivas sensaciones que se escondieron.
Ninguno de ellos era consciente de que al marcharse, les dejaría en brazos de una larga y pesada incertidumbre, que juntos, y como en un juego, debían resolver, tarde o temprano.
Con el paso del tiempo, sin caer en la tentación del olvido, llegaron a la conclusión, de que, el día que el norte de ambos, decidió escaparse de sus vidas, fue para que juntos, pero en la distancia, se dieran cuenta de lo mucho que se amaban, de que siempre fueron, incluso antes de existir y lo más importante, cuando cada uno de ellos fue en busca de aquel punto cardinal, por separado, se dieron cuenta, de que sus almas estaban tendidas al sol y a la luz, todo es tan claro, como cierto. Entonces, el norte regresó a sus vidas y el resto de los días que quedaron por probar lo hicieron juntos, tan cerca como el latido y el órgano que lo crea, como la sal y la humedad de un beso …


Mayte Pérez