Mayte Pérez

martes, 23 de septiembre de 2014

LIENZO QUE ESCRIBIR  

Por la quietud de mis aguas puras
quiero que vengas a buscar de mis encantos,
de mis palabras que te cubren de ilusiones revoltosas
de lo que te ofrecen mis promesas
las que me despiertan cada mañana
y con las que duermo cubierta
para soñar que al despuntar la mañana
serán tus manos las que me den de la paz que ansío
de la calma con la que tocabas el perfil de mi espalda
esa por la que tantas veces caminaste desnudo de prisa
en la que dibujaste escenas tuyas y mías
que vivir con los ojos abiertos y sintiendo la realidad
lo inesperado que se vende a cada instante
cuando  no se espera más que lo que se vive.
Hubo más en el trazo de un camino exacto contigo
que en toda una vida entera,
más en ofrecerte encontrarte con mis pupilas,
que en las miles de miradas perdidas
de las que probaste su brillo cuando se te rendían.

Si existe placer en el que esconderse
que sea al entrar en mis aguas cristalinas
que yo las volveré sólidas
para cuando quieras salir y andar por ellas
por la senda que te lleve a sentarte
sobre mi pecho,
ese que te ofreció alimento cuando tu ser creyó tenerlo todo,
ese que guardo sobre la ligereza del satén que roza
en mitad de la noche mi piel y que al llegar tú a mí
dejas caer en el suelo escuchándose la dulzura
de un encanto con el que cubrirse los ojos
y dejarse llevar por parajes desconocidos
que una vez  transitas no olvidarás jamás.
Cuando hayas perecido de buscar tesoros
que te enriquezcan por fuera,
ven a buscarme en el fondo del mar
que tengo para ofrecerte toda una vida
en la que volver a vivir aquellos recuerdos
que anhelas, que cuelgan del techo,
tan sólo te pediré que en cada paso previsto
puedo escuchar a los tuyos que me abren
la ventana de un futuro visto desde mis ojos
el que no conoces y del que soy dueña,
sólo pedirte que compongas un velo
con el que cubrir mis grietas en el espacio que no ve la luz
ese que se vuelve de la inmensidad del desierto
cuando voy en tu busca y no encuentro mirada
en la que envolverme para dar de beber a un pozo sin fondo
a los pasos encerrados que no llevan más que a preguntarse
una vez más cómo pudo haber sido
sentir tu aliento a voces antes de haber vendido mi vida
de haberme entregado al azar de un capricho de juventud
de una decisión que se toma como la bebida diluida en hielo,
fría, como el cubo imperfecto que decora el vaso.
Sé de un lugar donde podemos sentir
 la libertad del sabor de la menta fresca,
la metamorfosis de la clandestinidad de los besos robados,
esos que me arrancas cuando trepas hasta mi ventana
y en mitad de mis sueños guardas en el saco
que esconderás dentro de tu armario
para cuando llegue el otoño y caigan hojas a tus pies
las mezcles con ellos y dejes que se relate
una de las más bellas historias de amor,
entre el perfil de mis labios, la caricia de las plumas de tus alas
el roce de tu piel con la mía propia,
el sueño al que dar vida y al abrazar dejar rodar el torrente
de la felicidad por las mejillas tan sólo por saber
que nunca se deja de amar, de volver a creer
de saber que te ofrezco la vida desde mis comienzos,
que puedo continuarte con un trocito de ti sintiéndote tan dentro de mí
como está la burbuja instalada en el agua
que al volverse salada y nadas en ella te encontrarás
con el color de mi sonrisa y mis brazos esperando cerrarlos contigo.

Mayte Pérez (Puerta azul de dos hojas, contigo)