Mayte Pérez

jueves, 25 de septiembre de 2014

EN TIERRA DE KHUN

En la tierra de Khun andan las sirenas,
vuelan por los cielos,
encuentras lagos de agua salada en desiertos de harina de maíz;
la diosa Juno y las amantes de Zeus pasean de la mano,
por las estrellas en busca de alimento para los Dioses del Olimpo
que ofrecen cada vez que quieren viajar al pasado y mirarse en el espejo interminable.
Apolo sale por las noches,
cada atardecer por miedo a que le roben la luz que esconde su nombre,
 las luciérnagas traviesas.
En la tierra de Khun, Hermes,
con el caduceo entre sus manos y apoyado en el tiempo,
conspira la unión de la sinceridad de la virgen y las dos caras de la moneda,
traza mapas con destinos escritos que ambos seres descubriran por separado
y culminarán en el mayor de los relatos eternos.
Perséfone se alimenta tan sólo de la brisa
desde que Hades se marchó de su lado
y suplica a Zeus que le lleve al inframundo en su busca,
llora diamantes que Cupido talla para ponerlos a brillar al sol
y apostar por la intensidad del mismo.
En la tierra de Khun cuando suena el despertador
Morfeo baja de la cima más alta en compañía de las nueve musas
de la mano de Hipnos en busca del río donde duerme Estigia,
para jurar por la unión que conspira Hermes.
Hay un mar de cristal donde se miran las musas
y cada vez que la luna hace subir la marea,
cubre de felicidad a Juno y a Zeus,
le recuerda la frescura de la jugosa pulpa de fresa entre sus labios
cada vez que da comienzo la hora de las brujas
y abre la ventana al mundo,
en la que se apoya para ver el mar en deshielo
y soñar que algún día de las sirenas que vuelan por los cielos de la tierra de Khun ,
una de ellas será la última que se esconda tras la puerta de dos hojas.
La tierra de Khun es fruto de la imaginación de Iris
quien sueña con colorear el mundo,
de Eos que pinta cada nuevo amanecer,
Circe que quiere alcanzar a Hécate con su magia
y convertir la guerra en paz,
el dolor en placer,
el peso del paso del tiempo en plumas de blancas palomas
que llevan mensajes de que algún día el mundo
se vestirá con la riqueza de las esperanzas que guardamos en nuestra caja de Pandora,
en el fondo del mar de cristal donde se miran las nueve musas y abrigan a la ciencia y al arte...

  Mayte Pérez