Mayte Pérez

martes, 23 de septiembre de 2014

EL PAÍS DE LA LUZ (13 de junio de 2012)



Si cruzas las puertas que hay debajo de la cama, entrarás en el país de la luz, debes cruzarlas deprisa y abrirlas con la seguridad que una vez abiertas tu vida se volverá del revés como parecida a la hoja del árbol a cuya sombra vas cuando te invade la soledad y te apetece encontrarte con el niño alegre y creativo que se pasea a veces por los pasillos, a oscuras, cuando nadie le ve y tú descansas en brazos de Morfeo.

Es un lugar donde hay mucho ruido, donde te puedes perder sin miedo, te puedes caer que al hacerlo no te lastimas los codos, puedes comer en un lago de natillas y nadar en él hasta dormirte y al despertar, saltarás entre las rocas en busca de un baño en el río aromatizado del olor de la almendra dulce y aguas del color del té verde.

No hay reglas que cumplir, problemas por los que temblar, adversidades por las que salir volando, no hay espacio para el orgullo de la tristeza y si acaso la hubiese hay un cascabel pendiente de un árbol que es capaz, con su sonido de asustarla en toda su plenitud y echarla por los suelos.

Si quieres jugar siempre es buen momento para hacerlo, tan sólo abre los brazos y encontrarás personajes con quien compartir tardes enteras de risas, de caer cansado de jugar para después ir en busca de un plácido descanso que te ofrece un rincón cerca de donde viven las Musas, que entonan canciones para acompañarte mientras sueñas con barcos de papel, muñecas de trapo, ranitas de metal, de cuerda, que al saltar llegan a tocar el techo que imaginas.

El tiempo no pasa por allí ni siquiera mete la punta de su nariz, no debes traer reloj, ni tampoco a la insistente prisa, porque no hay nada por lo que apresurarse y no es que no vuele el tiempo, claro que lo hace y has de llevar un caza mariposas si quieres atrapar el recuerdo de cuando te bese la dulzura, de cuando te guste un sabor y quieras recordarlo para librarte de una plomiza emoción del sabor de la endivia.

Donde la mirada te alcance todo tiene color y la apariencia de estar en el lugar donde todo es perfecto, todo es la justa medida, donde se tiene todo lo necesario, pero sin ir cargado, sin llevar los zapatos apretados, tampoco los traigas y si lo haces no te ates los cordones, los zapatos se suelen usar muy poco allí. La hierba crece bajo tus pies y se mete entre tus dedos para recordarte de los placeres del contacto con la naturaleza olvidada.

Por las tardes, al ponerse el sol, se celebra una fiesta donde parece el mundo al revés, pues llega la noche y se observa un bello amanecer de tanto que intentan brillan las estrellas y las luciérnagas que duermen sobre la frondosidad de cada uno de los árboles.

En las noches de verano hay un conejo blanco que no sabe del sonido, no sabe pararse a escuchar, con sombrero de copa, que toca el piano de teclas de chocolate blanco y pedazos de regaliz y cuando termina sus sinfonías los habitantes del país de la luz aplauden contentos porque se comerán aquel inmenso instrumento creador de tan bellas melodías cercanas.

El cariño anda suelto por todos los rincones jugando al pilla-pilla, la alegría está hasta debajo de las piedras a orillas del río, la locura anda escondida entre la ropa de los personajes y a veces entra por los sentidos y es cuando se escucha ese sonido que te invita a correr tan fuerte que quisieras no parar nunca de tan feliz que puedes llegar a ser.

El país de la luz está en tu interior y entrar en él es un chasquido de dedos, algo tan soluble como el cacao cuando entra en contacto con la leche caliente para volverse un batido que calma asperezas de paladares que olvidaron la luz que se guarda en cada corazón.

Si quieres venir, dame tu mano, trae el corazón desnudo , el alma porosa para impregnarte de todo cuanto allí encontrarás, los brazos debes ponerlos en cruz, como cuando eras pequeño y jugabas a que eras una avioneta por los pasillos del cole, al salir en busca de los brazos de mamá y la merienda favorita. Vive de su luz,  guárdala y cuando veas a la oscuridad cargada con una silla, nunca se sabe cuándo decidirá marcharse de tu amparo, saca toda esa luz y desaparecerá.

“Vive en la luz y siempre podrás divisar en la distancia hacia donde te lleva el destino incierto”


 Mayte Pérez (Con un sólo corazón)