Mayte Pérez

domingo, 21 de septiembre de 2014

"IRENE, DIOSA DE LA PAZ"


Irene, Diosa de la paz, entró en estado de desequilibrio emocional, el día, que descalza, paseando por las praderas de la isla de Ítaca, descubrió a Aspasia subiendo la cuesta que iba a morir hasta el monasterio hecho con ladrillos de caramelo, donde ésta se casaría con el Dios de los humanos, tan conocido por Prometeo.

Até, escondido entre los árboles, no dejaba de sonreír a las nubes, y susurraba al oído palabras dulces a Aspasia, acariciando sus hombros y robando el pigmento de sus cabellos castaños, para después, saborearlo junto a Europa, la amada de Zeus.
Volaron diez hojas del calendario del mes de septiembre y fueron a parar a manos de la sabia Atenea, que estaba luchando con sus pensamientos para educar su alma, mientras escuchaba la música de los Dioses, que ensordecía a la llamada de su fiel amiga y cómplice Irene. En aquellas diez páginas se leían los lamentos por los errores que Aspasia, encantada por Atés, iba a cometer. Atenea, se subió a hombros de un Cíclope y fue en busca de Ulises, rey de Ítaca para que, juntos, pudieran deshacer el encanto.

Llegaron hasta el monasterio y encontraron a Aspasia llorando convertida en un cubito de hielo, que se iba derritiendo por el brillo del sol, esto hizo que las las plantas de los pies de Ulises y Atenea se mojaran y se mezclaran con las lágrimas de la Diosa de la Paz.

Un soplo de brisa fresca trajo al lugar a Baco, que regresaba de cerrar las puertas de la ciudad de Babilonia, no entendía la situación, pues junto a Aspasia, probó infinitas noches sin dormir, rodeado de los mejores vinos espumosos y el brillo de Selene, como testigo.

Ninguno de los personajes sabía qué hacer, decidieron llamar a Quirón, para que con su sabiduría alumbrase a la inmensa duda que eclipsaba aquel espacio en la isla de Ítaca, se formó una batalla, Baco, quería que Aspasia volviera a su loca vida, llena de juegos, Irene pedía Paz a gritos tan fuertes que se escuchaban en el infierno, Atenea, pedía poder entrar en la mente de Aspasia, Atés, era el único que no pedía nada, se conformaba con ser tal como era , Ulises, dejaba aquel desconcierto, plenamente en manos del sabio Quirón.
De repente, la sabia Atenea, dulce enemiga de Atés, le leyó el cruel corazón y a sus malvados pensamientos, salió en busca de Zeus y al llegar a su destino, arrebató a su amada Europa del encanto de Atés, con quien quería compartir el pigmento de los cabellos castaños de Aspasia, la cual al verla, cayó dentro del pozo de la consciencia y volvió a vestir de sus telas transparentes, a probar de las noches junto a Baco, a crear juegos infinitos que ganar bajo un cielo estrellado en la isla de Ítaca...


Mayte Pérez (Azul pastel, convirtiéndose en cobalto)