Mayte Pérez

martes, 25 de noviembre de 2014

TIEMPO QUE ESPERAR

Abre una ventana a la vida  entera y deja que entre hasta las plantas de tus pies
que vibren tus pulmones al respirar la brisa que calma después de una batalla
que ciegue tus ojos y pinte una sonrisa de azul
 el brillo del sol que guardo para ti,
 dentro de un tiempo que vuela tan rápido como cuando se siente el ser pleno de felicidad.
Sal bajo el techo del cielo cuando te bendiga la lluvia
 y humedezca cada una de las plumas de tus alas,
 ellas testigos,
de todo el calor que ofrecieron a la frágil piel
 que soñaba con la suavidad al rozar el perfil de su caricia.
Entra desnuda el alma desde la orilla del mar
y   forma parte de un océano a tu medida
de agua dulce que calma la sed,
que al probar bajarás tus párpados
 y recordarás el camino que hay bajo  tu almohada rellena de algodón de azúcar
 sobre la que apoyas la futura dulzura que no se vende,
que comprar si crees en su sabor.
Y cuando llegues al umbral que cruzar no te detengas a escuchar lo que te lleve de vuelta
deja tus sandalias tendidas en el árbol,
donde una tarde bajo el abrigo de la sombra de sus hojas
 nos prometimos el tiempo de la alegría,
 cosernos la piel con hilo de  cometas que echar a volar
y cuando sientas que quieres dar el primer paso cúbrete los ojos vida mía,
déjate llevar como diente de león que mece el viento
como barco de papel con rumbo fijo sobre la espuma del mar Mediterráneo
sobre la felicidad de saber  que al abrir
 una de las dos hojas de la puerta que te separa del mundo que te espera,
escucharás sonar el reloj que anuncia que es tiempo ya…
tiempo de que te vistas de ti mismo,
de que elijas lugares por los que perderte de leones que rondan en busca de robar tus sueños
de que dejes sobre la tierra  la primera piedra sobre la que construir un lugar
donde gestar una vida del peso  de la verdad
y caminar por sus calles abiertas cogido de mi pulgar,
  alumbrado por la transparencia al ver la claridad del horizonte,
el verdadero tramo que de vez en cuando querías recorrer y nunca te atreviste…

  Mayte Pérez (La dulzura de tus pupilas)