Mayte Pérez

sábado, 3 de enero de 2015


DÍAS DEL COLOR DEL PÉTALO

Dile a la temprana mañana que alumbre con mil rayos de sol,
despuntados al alba,
 a las horas del día.

Dile que antes del anaranjado ocaso,
existen deliciosos instantes que vivir con el alma abierta,
que el día sea testigo silencioso y sonría la vida cuando se cumplan sueños,
cuando se descubran triunfos de planes trazados hechos a medida,
pactados entre noches de vino blanco espumoso y pétalos de rosas frescos.

Dile a la mañana que he escrito días enteros para ti,
a la tarde,
 que cada vez que despedía al sol,
he bajado los párpados,
deseando unir con el puente de tus brazos,
a la inmensa distancia que hace que siga queriendo alcanzar
las orillas de tu piel tibia que tantas veces abrigó en consejos,
los llantos de mi ser cuando clamaban al cielo que derramara
lluvia dulce que cambiar por la sal de la tierra.

Dile al anochecer,
que espero siempre tendida a la luz de la luna,
que vengan,
la dulzura de tus palabras,
la caricia de su locura infinita
y un relato que escribió para mí
y sigue bajo la cama donde sueña,
esperando que lo abras
y lo lea descansando en mi espalda.

Dile que sigo apoyada
sobre el puente de sus pies,
que sigo pensando en pintar de azul,
de ese color del que una vez fueron aquellas pupilas
en las que tanto me vi reflejada;
que sigo creyendo en vencer la batalla
que surgió de las entrañas de la tierra
y momento a momento,
sigo librando cada amanecer,
en cada puesta de sol,
al despedir la luz del día
cuando la noche esconde al rayo de luz
que ilumina la senda del poeta
por la que ando despierta,
a veces dormida y soñando siempre,
con un mundo de papel,
que surcar como un mar calmado,
sobre un barco de papel
 y que alcance a la palma de tus manos,
para sobre ellas,
inventar un camino con vistas a un horizonte,
un pasado del que aprender,
un presente que no se escape tan fugaz
y un futuro tan inmediato,
como el trago de la saliva que resbala por la garganta.

Dile que una vez fue,
que ahora sigue siendo
y que mañana siempre será,
mientras siga siendo dueña de un soplo de aliento de vida,
dile que le puse su nombre a un deseo.

Mayte Pérez