Mayte Pérez

domingo, 29 de marzo de 2015

EVA Y ADÁN


Incluso verbalizando más de mil mentiras
 de futuros de algodón de azúcar
el perfil de los labios,
del que Eva seguía encantada,
seguía creyendo en sus promesas
por no perderse en el paraíso terrenal
y no encontrar ser humano
con el que abrazarse ante épocas de duelos al azar.
Sabiendo que alguna vez,
aquel bendito ser la vendería por otra piel,
cada anochecer,
bajo la luz de la luna,
de cielo estrellado,
seguía fiel a su espacio donde se evadía de la realidad,
escribir los más bellos poemas a Adán
y al recibirle al alba,
rendido a sus encantos,
todavía con sabor en sus sentidos,
al ansía de seguir probando de otro seno distinto,
ella despuntaba el amanecer con sentido propio
que le ofrecía convertido en ajeno.
Hasta que llegó la sigilosa serpiente
con una manzana entre su boca traidora,
del color de la piel de los labios de Eva
y una estrategia para romper el hechizo que le unía a Adán.
Y fue entonces cuando al probar del sabor fresco y ácido de aquella fruta,
A Eva se le negó tocar las puertas del cielo
y se le sentenció a no tener alma y probar carne humana sin corazón,
y del cielo cayó un ángel al que ella atrapó con sus encantos,
de la mano de la diosa Fortuna.


Mayte Pérez