Mayte Pérez

domingo, 8 de marzo de 2015

"ALAS DEL PEQUEÑO"

Camina por la senda el poeta perdido,
pidiendo a la luna de plata pura
que esta noche sea diminuta 
hasta alcanzar acunar a su niño,
que pide un barco de papel
para ir en busca de su padre,
que sueña un encuentro verdadero,
para calmar el ansia de la ausencia de su cariño.
Camina la sombra del poeta,
entre gotas de rocío 
y el sabor de la mandarina,
y entre paso y paso,
en el horizonte se pinta la figura,
del pecho que alimenta a su vida,
 tan a lo lejos,
como el día en que se abrazará
al vientre que gestó la pequeña vida que tanto ama apasionado,
que tanto y tanto, 
quisiera él, calmarle el hambre,
cantarle bajo el tibio sol,
la nana que le escribió
aquella noche de MARZO
antes de que el gallo anunciara
la hora en que se reparte la libertad en porciones,
pero tan fugaz,
como lo  fueron sus recuerdos,
desde que se apartó del mundo entre leones.
Camina poeta , te digo 
camina conmigo si quieres,
que sé de tu pena
y quiero que sepas que también es la mía,
que es mejor callar y escribir,
que expresarse y se limite tu libertad.
Camina pero de frente
y con  la mirada  alta ,
apuntando a un destino en que creas,
y si tus rodillas, 
caen sobre el polvo de la arena tostada,
clavadas en el centro de la tierra,
te digo,
levanta poeta y alza tu mano,
para que roce las puertas del cielo
y toques la libertad que tuviste
desde que fuiste ser
en el vientre de tu madre.
Camina poeta y al caminar sonríe,
siente como la brisa,
le peina las nubes al firmamento,
sueña que al hambre del niño
le corresponde pan de Ángel bendito
y leche de arroz con miel,
que al frío le vence,
al calor del pecho materno,
pensando en su padre
que camina y camina
en busca de tenerlo entre sus brazos,
pequeño pero valiente,
hambriento de materia,
pero dichoso de haber nacido hijo del gran poeta,
que caminó en su busca,
incluso entre las rejas,
que más que privarlo de libertad,
le privaron de aquello que más quiso 
y tan poco sintió suyo.
Camina poeta,
que incluso dormido,
siguen tus palabras,
despertando emociones,
inspirando a poetas soñadores,
tenaces en alcanzar subir a tus hombros,
dispuestos a defender con palabras,
aquello que un día te hizo entrar
a formar parte de un desierto de harina de maíz,
donde no hubo más agua,
que el líquido y salado de tus lágrimas,
en busca de dulzura.

Mayte Pérez (20 de marzo de 2014)