martes, 23 de septiembre de 2014

HOJA DE OTOÑO
Un otoño más que pasar
como página bajo palabras frescas,
como soltar de la cuerda
el nudo que impide la soltura de sentir.
Un otoño que dora cada hoja
antes de caerse perdida al suelo fértil
con la incertidumbre del futuro vendado
siendo simplemente y sin esperar de minutos pausados.
Un otoño que sentir a orillas del río
 del color de la esmeralda
y pincelado del ámbar de tus ojos,
otro que sorber al lado de una bella puesta de sol
junto a recuerdos que guardan almas esclavas de complicidad.
Una hoja con la que cubrirse
de lo que el sol dejó de ofrecer
de lo que se echa de menos y se espera
 como el regalo de noche de reyes
de lo que se siembra con ilusión
y se esperar tener sobre el pecho
convertido en sueño que encontrar
 en horizontes como puertas abiertas.
Un otoño que pasar tendido al cielo,
junto al susurro del río en calma,
adivinando el contorno de las nubes
y sintiendo la paz con la que se vive desnudo.
Otro que imaginar y trazar caminos esperados
que llevan a estaciones con trenes
esperando abrir paso al cumplimiento
de todo cuanto se quiere de corazón que late.
Un sabio otoño que sabe que al terminar
habrá necesidad de miles de hojas
para calmar al frío del invierno
y que sabe que es corta la estación
que a veces quisiera mantenerse entre nosotros
sabiendo que nunca será y que siempre termina,
el mismo día de diciembre

en el mismo lugar que comenzó.

Mayte Pérez (la primera insidiosa grieta de mi alma)
EL PAÍS DE LA LUZ (13 de junio de 2012)



Si cruzas las puertas que hay debajo de la cama, entrarás en el país de la luz, debes cruzarlas deprisa y abrirlas con la seguridad que una vez abiertas tu vida se volverá del revés como parecida a la hoja del árbol a cuya sombra vas cuando te invade la soledad y te apetece encontrarte con el niño alegre y creativo que se pasea a veces por los pasillos, a oscuras, cuando nadie le ve y tú descansas en brazos de Morfeo.

Es un lugar donde hay mucho ruido, donde te puedes perder sin miedo, te puedes caer que al hacerlo no te lastimas los codos, puedes comer en un lago de natillas y nadar en él hasta dormirte y al despertar, saltarás entre las rocas en busca de un baño en el río aromatizado del olor de la almendra dulce y aguas del color del té verde.

No hay reglas que cumplir, problemas por los que temblar, adversidades por las que salir volando, no hay espacio para el orgullo de la tristeza y si acaso la hubiese hay un cascabel pendiente de un árbol que es capaz, con su sonido de asustarla en toda su plenitud y echarla por los suelos.

Si quieres jugar siempre es buen momento para hacerlo, tan sólo abre los brazos y encontrarás personajes con quien compartir tardes enteras de risas, de caer cansado de jugar para después ir en busca de un plácido descanso que te ofrece un rincón cerca de donde viven las Musas, que entonan canciones para acompañarte mientras sueñas con barcos de papel, muñecas de trapo, ranitas de metal, de cuerda, que al saltar llegan a tocar el techo que imaginas.

El tiempo no pasa por allí ni siquiera mete la punta de su nariz, no debes traer reloj, ni tampoco a la insistente prisa, porque no hay nada por lo que apresurarse y no es que no vuele el tiempo, claro que lo hace y has de llevar un caza mariposas si quieres atrapar el recuerdo de cuando te bese la dulzura, de cuando te guste un sabor y quieras recordarlo para librarte de una plomiza emoción del sabor de la endivia.

Donde la mirada te alcance todo tiene color y la apariencia de estar en el lugar donde todo es perfecto, todo es la justa medida, donde se tiene todo lo necesario, pero sin ir cargado, sin llevar los zapatos apretados, tampoco los traigas y si lo haces no te ates los cordones, los zapatos se suelen usar muy poco allí. La hierba crece bajo tus pies y se mete entre tus dedos para recordarte de los placeres del contacto con la naturaleza olvidada.

Por las tardes, al ponerse el sol, se celebra una fiesta donde parece el mundo al revés, pues llega la noche y se observa un bello amanecer de tanto que intentan brillan las estrellas y las luciérnagas que duermen sobre la frondosidad de cada uno de los árboles.

En las noches de verano hay un conejo blanco que no sabe del sonido, no sabe pararse a escuchar, con sombrero de copa, que toca el piano de teclas de chocolate blanco y pedazos de regaliz y cuando termina sus sinfonías los habitantes del país de la luz aplauden contentos porque se comerán aquel inmenso instrumento creador de tan bellas melodías cercanas.

El cariño anda suelto por todos los rincones jugando al pilla-pilla, la alegría está hasta debajo de las piedras a orillas del río, la locura anda escondida entre la ropa de los personajes y a veces entra por los sentidos y es cuando se escucha ese sonido que te invita a correr tan fuerte que quisieras no parar nunca de tan feliz que puedes llegar a ser.

El país de la luz está en tu interior y entrar en él es un chasquido de dedos, algo tan soluble como el cacao cuando entra en contacto con la leche caliente para volverse un batido que calma asperezas de paladares que olvidaron la luz que se guarda en cada corazón.

Si quieres venir, dame tu mano, trae el corazón desnudo , el alma porosa para impregnarte de todo cuanto allí encontrarás, los brazos debes ponerlos en cruz, como cuando eras pequeño y jugabas a que eras una avioneta por los pasillos del cole, al salir en busca de los brazos de mamá y la merienda favorita. Vive de su luz,  guárdala y cuando veas a la oscuridad cargada con una silla, nunca se sabe cuándo decidirá marcharse de tu amparo, saca toda esa luz y desaparecerá.

“Vive en la luz y siempre podrás divisar en la distancia hacia donde te lleva el destino incierto”


 Mayte Pérez (Con un sólo corazón)

lunes, 22 de septiembre de 2014

UN CUENTO PARA ANTES DE IR A DORMIR

La habitación huele a vainilla y  canela, a los pies de la cama mil cuentos, debajo, todos los peluches de Lluna…
En ella me encuentro cada mañana al despertarla, en la dulzura de la miel de sus ojos, en el color del pétalo de orquídea que ofrece vida  a sus labios,  en los mofletes sonrosados como esponjas, en sus brazos, siempre ofreciendo calor, cuando los siento colgados de mi cuello, en sus diminutas orejas tan perfectas, en sus manos inquietas, siempre buscando las mías para saltar de la cama con la intención de ir en busca de la alegría que emana la vida y a los tres años se vive como en un cuento de princesas vestidas de luz de luna.
En el mundo de Lluna no habitan monstruos ni malvados, está lleno de palomitas de maíz constantemente alborotadas, cubierto de la ternura de aquel día que llegó al mundo, decorado con las risas que llenan cada rincón por el que  ella camina y en su interior hay litros de agua de mar, gramos de tierra fértil y metros cuadrados de lugares donde esconderte de la tempestad.
Le gusta meterse en el agua salada hasta los tobillos y retar a las olas convertida en sirena, es capaz de conquistar un océano entero y de pescar un resfriado porque usa sus zapatos como cama para sus ratones  de peluche y las muñecas.
Cuando se sienta en la mesa decorada con el el mantel de vichí rojo y blanco, los vasos de cristal que todavía sobreviven a sus juegos y los cubiertos con los que dibuja caminos en el suelo del salón, en su rincón favorito, frente al fuego dorado que tanto le gusta observar, es entonces cuando comienza la parte del día triste para Lluna, en ese momento, lleva una espada y un escudo para empezar la lucha que cada día se libra en la cocina, es inteligente, pues, se esconde su deliciosa sonrisa para sacar de los bolsillos de su vestido un llanto a cambio de marcharse a jugar, pero siempre sale derrotada por alguna sopa, un muslo de pollo o algún pescado a la plancha y a cambio saborea el arroz con leche rociado con canela que tanto le gusta.
Cada noche antes de dormir sale al jardín en mi busca, al abrir la puerta de la casa, la imagino con esa sonrisa pícara, pensando en asustarme y entonces sonrío a sus travesuras celestiales, la quiero más y hace que retroceda al tiempo de mi niñez y recuerde en ella, todo lo feliz que fui. Escucho el crujir del cesped fresco bajo sus pequeños pies y de repente, el calor de sus manos sobre mis párpados con esa pregunta y esa locura de saber si lograré responderla una vez más. Después de festejar la respuesta correcta se abraza a mi cintura, me pide que la bese y la meta a bucear en la bañera junto con todos sus juguetes. Cuando llegamos al baño, al abrir el grifo mete las manos debajo, me mira y sonríe porque sabe que la voy a reñir; le gusta sacar el tapón para ver el torbellino que se forma en el desagüe y es el único momento que se quita sus gafas de bucear para no perderse detalle.
Al salir del agua dulce y jabonosa, le gusta mirarse en el espejo, encima del taburete, hace muecas, se dibuja el contorno de sus labios con su dedo índice, se tira del flequillo mojado y lo que más le gusta es que le ponga su colonia favorita vaporizada sobre su peine en forma de sandía para olerlo, después.
Mientras tanto yo estoy en la cocina preparando un delicioso batido de chocolate para ella, me pide que le cante muy fuerte una canción que aprendió de mi madre, que habla de un ratón que pescaba peces de colores con un cazamariposas, sólo para acariciarlos y luego los dejaba de nuevo nadar en el mar.
Cuando subo a robarle la toalla que envuelve su pelo, se esconde detrás de la puerta y llora porque sabe que la voy a peinar, yo la dejo y decido entrar en la habitación de Lluna a abrir su cama de princesa.
  Ella deja de llorar y trae el peine entre sus manos,se asoma descalza por la puerta  llevando a un oso de peluche rozando el suelo cogido de la oreja, me mira y sonríe porque sabe que no lleva nada en los pies y hasta que no salgo corriendo tras ella, sigue apoyada en el marco de la puerta contando del uno al dos. Al llegar, de nuevo, a la fábrica de los sueños donde se cumplen los deseos, su habitación, me espera debajo de la cama y muerde mi pie hasta hacer que caiga derrotada por sus cosquillas, entonces subimos a dar saltos a ver quien toca el techo y Neho sale por los aires, ella se ríe con sonrisa malvada un instante al ver que el osito cayó  y no se rompió nada, sigue saltando a mi lado con las manos levantadas, de vez en cuando me tira del pelo y me pisa los pies. De repente para, se acaricia el pelo, me mira y me pide que vaya con ella a contarle un cuento, uno para antes de irse a dormir, la abrazo le digo que la amo, y mis palabras vuelan por el aire hasta que ella las abraza, cierra sus ojos y empieza  a soñar

Mayte Pérez (  03/10/2013 El sabor de la cáscara de avellana molida)




"LA ÚLTIMA SEMANA DE AGOSTO"

..."Y a pesar del peso de la noche estival del octavo mes, entró un frío por la ventana a abrazarse a mis entrañas. Sabia, mi consciencia, pues mantenía la razón de que era sólo un ligero sueño, pero tan intenso, que incluso dolía el alma. 
Otra vez, aquel suspiro detrás de mi espalda, otra vez, ese llanto de no querer volar y tener que hacerlo, otra vez un jeroglífico que descifrar, con destinatario equivocado, en este caso yo, ante un ser tan extraño, que sin embargo, parecía conocerme como a su propia vida, si es que la tuvo, alguna vez. 
Una vez más, un nudo en mis tobillos, una lluvia torrencial de emociones, ajenas a mí, pero al escucharlas, me unía a sus deseos, a sus ganas de abrazar. Quería dejar de escuchar a esa brecha de lamentos y escapar de ese sueño, librarme de sus lágrimas, quería que me soltara las manos, otra vez, esa herida abierta que gritaba un beso, esa piel clara pero curtida, esas pupilas color ámbar. Decidí abrazarme a él muy fuerte, para darle calor a su vida prestada, me robó el ultimo aliento de vida, lo dejé hacerlo, sabía que era un sueño y al despertar, seguiría sintiendo mis latidos, pero él nunca volvería a tener la sensación de ver amanecer.
 Cuando le sentí dulce la piel, quise marcharme y al verle el pecho, sonrió, como adivinando, que yo sabía quien era, a qué había entrado aquella noche a mi sueño. Le di un beso en la mejilla y lloré, tanto como el día en que él se fue, sin saber cuándo ni como, pero dolía. Abrió aquella puerta azul, subió a sus hombros un sueño que tuve una vez, se despidió de mí y supe que no había nada que temer, que el miedo es un ratón campesino que juega entre el trigo"

Mayte Pérez (Anoche, soñé...)

IRIS, LA LUZ DE SUS PUPILAS, ILUMINAN MI DESTINO

Era lo más cálido de un rayo de sol,
la frescura de la nieve que apetece y no quema sobre la piel,
el justo paso del tiempo
cuando no se advierte su huella. 
De su mano llegabas a la última calle
y encontrabas poesía en las costuras de su vestido;
ofrecía de un soplo llanos caminos
plácidas noches que soñar despierto
y sintiendo la dicha de saber que al amanecer
despertarías sobre un lecho de pétalos tiernos
rociados de mil y una caricias,
de la esencia de la vida comprimida
que guardaba en su cabello y
al olerlo entre tus manos sentías la brisa del mar
la quietud de saber que cuando estabas entre sus brazos
no había más peligro que dejarla marchar
saber que podía volar tan alto hasta rozar el esplendor de la luna;
saber que era de la textura de un sueño,
de la realidad de una ilusión
era de la madre que la ofrece a la tierra desnuda,
que la deja en el lugar adecuado donde poder sobrevivir,
donde el alimento se ofrece sin llorar,
sin clamar al infinito cielo con gritos que desgarran.
Sin querer se volvió presencia que probar
locura de campanilla de latón
promesa tan cercana como el próximo verano,
recreo en un valle por el que perderse de puntillas
llevándola tan dentro de ti como al corazón que se esfuerza en latir
golpeando tan fuerte para hacerte sentir...
que vives,
que amas,
que sientes,
que eres,
que existes,
que ocupas,
que sueñas,
que vuelas,
que eres lo que tú quieras ser
cuando te dejas envolver en el halo de sus encantos benditos,
que estando en cualquier rincón puedes sentir un espacio en tu interior
que poder ofrecerle para que pueda soñar despierta
con un mundo a su medida que abrir a sus pies descalzos,
humildes de viajes en compañía de dulzura pero en busca
de todo lo que esconde un silencio que se espera,
que ella espera como semilla que sembrada se contempla
hasta que brota a ras de suelo y ofrece su belleza
a cambio de gotas de lluvia y sonidos naturales
como el cauce del río sobre el que volver a vivir después de una derrota emocional que parte en pedazos...
Mayte Pérez ( Mi dulce y pequeña ratita que endulza al rocío temprano del alba)



domingo, 21 de septiembre de 2014

"IRENE, DIOSA DE LA PAZ"


Irene, Diosa de la paz, entró en estado de desequilibrio emocional, el día, que descalza, paseando por las praderas de la isla de Ítaca, descubrió a Aspasia subiendo la cuesta que iba a morir hasta el monasterio hecho con ladrillos de caramelo, donde ésta se casaría con el Dios de los humanos, tan conocido por Prometeo.

Até, escondido entre los árboles, no dejaba de sonreír a las nubes, y susurraba al oído palabras dulces a Aspasia, acariciando sus hombros y robando el pigmento de sus cabellos castaños, para después, saborearlo junto a Europa, la amada de Zeus.
Volaron diez hojas del calendario del mes de septiembre y fueron a parar a manos de la sabia Atenea, que estaba luchando con sus pensamientos para educar su alma, mientras escuchaba la música de los Dioses, que ensordecía a la llamada de su fiel amiga y cómplice Irene. En aquellas diez páginas se leían los lamentos por los errores que Aspasia, encantada por Atés, iba a cometer. Atenea, se subió a hombros de un Cíclope y fue en busca de Ulises, rey de Ítaca para que, juntos, pudieran deshacer el encanto.

Llegaron hasta el monasterio y encontraron a Aspasia llorando convertida en un cubito de hielo, que se iba derritiendo por el brillo del sol, esto hizo que las las plantas de los pies de Ulises y Atenea se mojaran y se mezclaran con las lágrimas de la Diosa de la Paz.

Un soplo de brisa fresca trajo al lugar a Baco, que regresaba de cerrar las puertas de la ciudad de Babilonia, no entendía la situación, pues junto a Aspasia, probó infinitas noches sin dormir, rodeado de los mejores vinos espumosos y el brillo de Selene, como testigo.

Ninguno de los personajes sabía qué hacer, decidieron llamar a Quirón, para que con su sabiduría alumbrase a la inmensa duda que eclipsaba aquel espacio en la isla de Ítaca, se formó una batalla, Baco, quería que Aspasia volviera a su loca vida, llena de juegos, Irene pedía Paz a gritos tan fuertes que se escuchaban en el infierno, Atenea, pedía poder entrar en la mente de Aspasia, Atés, era el único que no pedía nada, se conformaba con ser tal como era , Ulises, dejaba aquel desconcierto, plenamente en manos del sabio Quirón.
De repente, la sabia Atenea, dulce enemiga de Atés, le leyó el cruel corazón y a sus malvados pensamientos, salió en busca de Zeus y al llegar a su destino, arrebató a su amada Europa del encanto de Atés, con quien quería compartir el pigmento de los cabellos castaños de Aspasia, la cual al verla, cayó dentro del pozo de la consciencia y volvió a vestir de sus telas transparentes, a probar de las noches junto a Baco, a crear juegos infinitos que ganar bajo un cielo estrellado en la isla de Ítaca...


Mayte Pérez (Azul pastel, convirtiéndose en cobalto)