Mayte Pérez

domingo, 22 de febrero de 2015

NATA Y AZÚCAR


La quise tanto,
que al salir corriendo en su busca,
llegando al último escalón,
fui consciente de que siempre la había llevado sobre mis hombros,
de que en cada uno de mis días,
había una pincelada de aquella risa capaz ,
de hacer minúsculo al silencio,
inmensa a la alegría.
Cómo no quererla madre,
si después de usted,
fue del pecho de ella del que quisiera seguir bebiendo
hasta que venga la parca y me lleve,
es en el rincón de su vientre fecundo,
donde quisiera mi rostro caer rendido después del ocaso,
enredado en sus caderas,
al decirle que si son largos mis presentes,
más lo será el futuro
si es con ella,
pues desde el pasado,
nació para que la acunase entre mis manos
Mayte Pérez