Mayte Pérez

sábado, 5 de septiembre de 2015

LA VIDA QUE SE ESPERA

Llegó a brazos de este mundo
como cuando cien años de sequía
y la lluvia ofrece a la fertilidad de la tierra
la esperanza de gestar vida que llevarse a la boca
que calmar el hambre que siente el interior humano
cuando ya no quiere de sueños.
Llegó con la dulzura del tacto del pétalo de rosa,
con la alegría de una noche en la que se espera probar un sueño,
como la noche prometida,
en la que empezó el primer de sus latidos
para después pasar a ser un pequeño corazón más
que pasear por la senda del poeta,
que parar a descansar en rincones ausentes
 para los que no tienen prisa.
Era la perfección de una melodía que se siente
 la que se va siguiendo despacio,
la que se espera después de una batalla diaria
y al sentirla cerquita despides el instante
para nadar en el mundo de los sueños de papel
como cuando se escriben palabras untadas
sobre la espalda que espera una caricia perpetua
que al notar la presión se contrae y se esconde
por miedo a delatar un sentimiento que roba la paz
y se cuela por el ombligo con la rapidez del viajar de la luz.
Era ser que contemplar apoyado sobre los hombros cómplices
mientras le soplaba la brisa del Mediterráneo al caer la tarde,
era desear estar con ella para cubrir tiempo volado
que se recuerda envuelto en una sonrisa con forma de nube,
si sentías su pequeño cuerpecito entre tus brazos
te hubiese gustado detener el tiempo
y volverte como ella, tierna como el corazón de la sandía
 tranquila, como cuando cesa la furia de la tormenta,
suave, como la primera piel con la que se abre la luz del día.
Como cuando se abre una puerta cerrada,
entró a formar parte de la inmensidad de un espacio hueco
que llenó sin mesura en un instante tan pequeño,
como el grano de arena que cubre una playa,
vestía de felicidad los días en los que no brillaba el cielo
con ella volabas de puntillas hacia futuros ansiados
 y te volvías de la textura de la carne del membrillo,
si te enredabas en el gesto de su mirada sincera.
Era todo lo que se quiere,
que cabe sobre la palma de una mano,
que es del peso de la pluma de golondrina
que se toma hasta el final
y se desea como al principio.
Era como querer volver atrás y abrazar la vida de nuevo
vista desde el corazón que no se cubre de nada,
si cogías su mano regresabas al olor de la niñez
que escondes en uno de los cajones de los recuerdos.
Era un presente esperado
 con la frescura del rocío de la mañana
esperar la noche impaciente
 para dormirte al son de su respiración
sonriendo, simplemente por tenerla contigo
y saber que al despertar seguiría estando para ti,
para la continuación de seguir cuidando de ella

Mayte Pérez